Para los que no hacen propósitos los unos de enero.
Para los que dan los buenos días con una sonrisa.
Para los que de la debilidad han hecho fortaleza.
Para los que intentan no juzgar a primera vista.
Para los que aprenden de cualquier individuo.
Para los que disfrutan de una puesta de sol.
Para los que sueñan despiertos sin peligro.
Para los que la soledad no es un enemigo.
Para los que están rodeados de gente.
Para los que uno más uno son tres.
Para los que buscan y encuentran.
Para los que comparten lo suyo.
Para los que tienen objetivos.
Para los que no hay rencor.
Para los que escuchan.
Para los que quieren.
PARA TI.
martes, 1 de enero de 2008
martes, 25 de diciembre de 2007
LA INTRUSA
Cada vez le da más vértigo escribir. Debe ser que el trabajo le está quitando la creatividad. Pero digo yo, o mejor dicho, dice el refrán, "quien tuvo, retuvo". Pero nada, con ella no vale.
Pues sí, me he colado en su blog porque sé sus contraseñas. Y le he cotilleado todo. Y tiene muchas entradas sin publicar. Debe ser que en si día pensó que no eran lo suficientemente buenas y lo dejó en un esbozo, en unos párrafos, en unas frases, en una frase, en un título.
Busca objetivos y va hacia ellos como un mihura. A veces embiste y otras le ponen la muleta plana y entra a ella como un toro manso, o bueno, a veces los mihuras también entran al trapo. Ya no sabe cuál es la faena buena porque está a la vez en no sé cuántas plazas. Siempre dice que lo suyo son carreras de fondo, pero tiene tantos frentes abiertos que ya no sabe a qué carrera de fondo se tiene que dedicar. Y encima, con toda la empanada que tiene en la cabeza, ahora dice que es su vida y que lo tiene que solucionar ella, que tiene que tirar del hilo para hacer la madeja, pero no tiene idea de dónde está el principio.
Antes era fiel a los consejos de su familia y de sus amigos, pero ahora ya no. Sabe que los consejos son buenos pero le da la sensación de que no puede hacer caso a todo el mundo. Tiene que seleccionar, y ha seleccionado tanto que no me hace caso ni a mí. En fin, os lo voy a confesar... soy su otro yo.
Le digo tantas y tantas cosas... y ni puto caso (perdón por el taco, pero es que cuando hablo de ella me pongo de los nervios!). Le dije que hiciera una entrada porque ya llevaba escribiendo un año, pero claro, no tenía tiempo, nunca tiene tiempo. Se le va la vida en el trabajo. Y mira, que no me alegro, pero ya ha petado. Al final, el tiempo me ha dado la razón. Se ha agotado tanto física y mentalmente que ahora parece que se está planteando todo de verdad. Y no es que me alegre de su mal, pero ya se sabe (soy muy refranera), "no hay mal que por bien no venga". Parece que tiene proyectos en la cabeza y espero que le salgan bien porque como pone tanto empeño, pues... en fin... que aunque la esté criticando un poco, creo que se lo merece.
También le he dicho que sus últimas entradas son flojas flojas, pero claro, qué podemos esperar, si no tiene tiempo de nada. Como lo sabe, cada vez le da más pereza escribir porque no tiene contenido, no tiene imaginación, no tiene soltura, no tiene ingenio, no tiene capacidad para jugar con las palabras.
Además, lleva un temporada que no contesta a los mails, a los mensajes, no devuelve llamadas. Parece un disco rallado. No para, no para, y no para tanto que os voy a contar otra cosa, y a lo mejor se enfada un poco, pero me da igual. No sé si sabréis que es una maniática de los dientes. Se los lava, o mejor dicho, se los lavaba compulsivamente, y ahora, no se le olvida pero dice que no tiene tiempo. Total, que se los lava cuando se levanta y cuando se acuesta. Antes se los lavaba cada vez que comía, y ahora, entre semana, como no tiene tiempo, se mete un chicle en la boca. De verdad, qué vamos a hacer con ella...
Ayer, como todos los años desde tiempos inmemoriales, se tomó el aperitivo con sus amigos. Se juntan en el bar de otro amigo que está detrás del auditorio. Me contó que se lo pasó muy bien, pero estaba desubicada, como que quería pasárselo bien, pero no disfrutó del todo. No fue como otros años que puso en "stand by" su vida y disfrutó al máximo de aquel momento.
Formaban un elenco de lo más variado: farmacéuticos, químicos, biólogos, periodistas, médicos, abogados, y algunos que como Chedler, nunca vamos a saber exactamente a qué se dedican. Y sigue todo variado, que los hay que son padres, estrenados padres, futuros padres, eternas "teenegers", "exteneegers" y las que quieren dejar de ser "teneegers". Resumiendo, padres y "teneegers".
No os puedo contar mucho más porque no me dejó ir, pero tengo la solución. Sé que habló con Antonio Mingarro y quedaron en contar cada uno su versión del aperitivo y linkarse para convertirse durante unos días en vasos comunicantes de la narración del aperitivo de Nochebuena. El problema es que no se crear un link desde aquí, pero si os fijáis, en la parte derecha de su blog, sí que hay un link que pone "Blog de Antonio Mingarro".
Espero que Antonio sepa perdonarla porque realmente del aperitivo, aperitivo, no va a contar nada, y como yo no fui, pues no me lo puedo inventar! Sé que le estuvo dando ánimos de todo en general, y en particular, con relación al blog, que no se apagara la vela, que había gente que leía lo que escribía y que era una responsabilidad que debía cumplir porque le gustaba, porque había sido algo que había empezado porque le apetecía, de forma unilateral.
Creo que sí le hizo caso y escuchó con atención todo lo que le contó, lo que no sé es si lo pasara a la práctica. Por eso he escrito yo, y ya sé que no es lo mismo, pero por lo menos espero que entendáis su falta de constancia en el blog y su jodido lío en la cabeza (perdón otra vez).
Busca objetivos y va hacia ellos como un mihura. A veces embiste y otras le ponen la muleta plana y entra a ella como un toro manso, o bueno, a veces los mihuras también entran al trapo. Ya no sabe cuál es la faena buena porque está a la vez en no sé cuántas plazas. Siempre dice que lo suyo son carreras de fondo, pero tiene tantos frentes abiertos que ya no sabe a qué carrera de fondo se tiene que dedicar. Y encima, con toda la empanada que tiene en la cabeza, ahora dice que es su vida y que lo tiene que solucionar ella, que tiene que tirar del hilo para hacer la madeja, pero no tiene idea de dónde está el principio.
Antes era fiel a los consejos de su familia y de sus amigos, pero ahora ya no. Sabe que los consejos son buenos pero le da la sensación de que no puede hacer caso a todo el mundo. Tiene que seleccionar, y ha seleccionado tanto que no me hace caso ni a mí. En fin, os lo voy a confesar... soy su otro yo.
Le digo tantas y tantas cosas... y ni puto caso (perdón por el taco, pero es que cuando hablo de ella me pongo de los nervios!). Le dije que hiciera una entrada porque ya llevaba escribiendo un año, pero claro, no tenía tiempo, nunca tiene tiempo. Se le va la vida en el trabajo. Y mira, que no me alegro, pero ya ha petado. Al final, el tiempo me ha dado la razón. Se ha agotado tanto física y mentalmente que ahora parece que se está planteando todo de verdad. Y no es que me alegre de su mal, pero ya se sabe (soy muy refranera), "no hay mal que por bien no venga". Parece que tiene proyectos en la cabeza y espero que le salgan bien porque como pone tanto empeño, pues... en fin... que aunque la esté criticando un poco, creo que se lo merece.
También le he dicho que sus últimas entradas son flojas flojas, pero claro, qué podemos esperar, si no tiene tiempo de nada. Como lo sabe, cada vez le da más pereza escribir porque no tiene contenido, no tiene imaginación, no tiene soltura, no tiene ingenio, no tiene capacidad para jugar con las palabras.
Además, lleva un temporada que no contesta a los mails, a los mensajes, no devuelve llamadas. Parece un disco rallado. No para, no para, y no para tanto que os voy a contar otra cosa, y a lo mejor se enfada un poco, pero me da igual. No sé si sabréis que es una maniática de los dientes. Se los lava, o mejor dicho, se los lavaba compulsivamente, y ahora, no se le olvida pero dice que no tiene tiempo. Total, que se los lava cuando se levanta y cuando se acuesta. Antes se los lavaba cada vez que comía, y ahora, entre semana, como no tiene tiempo, se mete un chicle en la boca. De verdad, qué vamos a hacer con ella...
Ayer, como todos los años desde tiempos inmemoriales, se tomó el aperitivo con sus amigos. Se juntan en el bar de otro amigo que está detrás del auditorio. Me contó que se lo pasó muy bien, pero estaba desubicada, como que quería pasárselo bien, pero no disfrutó del todo. No fue como otros años que puso en "stand by" su vida y disfrutó al máximo de aquel momento.
Formaban un elenco de lo más variado: farmacéuticos, químicos, biólogos, periodistas, médicos, abogados, y algunos que como Chedler, nunca vamos a saber exactamente a qué se dedican. Y sigue todo variado, que los hay que son padres, estrenados padres, futuros padres, eternas "teenegers", "exteneegers" y las que quieren dejar de ser "teneegers". Resumiendo, padres y "teneegers".
No os puedo contar mucho más porque no me dejó ir, pero tengo la solución. Sé que habló con Antonio Mingarro y quedaron en contar cada uno su versión del aperitivo y linkarse para convertirse durante unos días en vasos comunicantes de la narración del aperitivo de Nochebuena. El problema es que no se crear un link desde aquí, pero si os fijáis, en la parte derecha de su blog, sí que hay un link que pone "Blog de Antonio Mingarro".
Espero que Antonio sepa perdonarla porque realmente del aperitivo, aperitivo, no va a contar nada, y como yo no fui, pues no me lo puedo inventar! Sé que le estuvo dando ánimos de todo en general, y en particular, con relación al blog, que no se apagara la vela, que había gente que leía lo que escribía y que era una responsabilidad que debía cumplir porque le gustaba, porque había sido algo que había empezado porque le apetecía, de forma unilateral.
Creo que sí le hizo caso y escuchó con atención todo lo que le contó, lo que no sé es si lo pasara a la práctica. Por eso he escrito yo, y ya sé que no es lo mismo, pero por lo menos espero que entendáis su falta de constancia en el blog y su jodido lío en la cabeza (perdón otra vez).
domingo, 9 de diciembre de 2007
ARISTÓTELES, ¿DÓNDE ESTÁS?
Esperando sin esperar, deseando sin desear, ansiando sin ansiar. Así se han desarrollado mis pensamientos en cuanto a la llegada del puente. Y ahora, ya se fue. No he podido disfrutarlo porque me ha cazado el virus ese de la gripe. Y no nos vamos a engañar, si no me hubiera atrapado el virus de la gripe me habría atrapado el virus de los contratos.
Conforme va viento en popa mi vida profesional, va de culo mi vida personal. Mi trabajo es como la termitas... se lo comen todo. Bueno, no es que me vaya mal, es que cada vez tengo menos vida personal. Entre semana me resulta imposible quedar con alguien a tomar algo y con fines de semana como éste, puedo dar con mi vida social al traste.
Y mañana, lunes... Qué gran día.
Conforme va viento en popa mi vida profesional, va de culo mi vida personal. Mi trabajo es como la termitas... se lo comen todo. Bueno, no es que me vaya mal, es que cada vez tengo menos vida personal. Entre semana me resulta imposible quedar con alguien a tomar algo y con fines de semana como éste, puedo dar con mi vida social al traste.
Y mañana, lunes... Qué gran día.
martes, 20 de noviembre de 2007
PERDEDORES SIN MAQUILLAJE
Los perdedores existen. Son perdedores sin maquillaje. Son perdedores que no luchan. Los perdedores son a los que canta Billy Joel en "piano man". Los perdedores son una enfermedad. Los perdedores dan miedo. Los perdedores están en todas las esquinas. Todos hemos sido perdedores, pero hay que transformarlo en una excepción.
viernes, 2 de noviembre de 2007
REALIDADES PARALELAS
Sonó el despertador. Patricia intentó dormir un rato más porque por la noche no había podido descansar debido a las pesadillas. Se le repetían constantemente, pero esta vez habían sido más intensas, o por lo menos a ella se lo parecía. No podía evitar recordar la sensación que tenía un segundo antes de sonar el despertador. Iba desnuda por la calle... Se sentía indefensa y avergonzada. ¿Qué significaría? Se preguntaba. Pero no tenía respuesta. Se quedó un rato más sumergida en las mantas, aunque no conseguía que la nariz entrara en calor (llevaban con la calefacción rota más de dos meses).
Diez minutos después consiguió sacar fuerzas y se levantó. Calculó mal al poner los pies y en vez de tocar las zapatillas, puso los pies en el suelo helado. Le subió un escalofrío por todo el cuerpo. Le había pasado muchas veces pero esta vez se le llenaron los ojos de lágrimas. Comenzó un sollozo incontrolable, y además le apetecía llorar, lamentarse de si misma, de su existencia y de no haberse dado cuenta de que Jacinto se la estaba pegando con otra. Su mundo no tenía sentido ya.
En la habitación de al lado estaba Miguelito. Un niño risueño y sonriente y con una vitalidad arrolladora. Dormía a pierna suelta pero esa noche se había despertado en varias ocasiones sobresaltado. No podía entender por qué su madre había hecho ruidos tan raros durante toda la noche. Entre sueños pensaba, claro, pobre mamá, es que papá viaja tanto. A él también le hubiera gustado que su padre estuviera más en casa, pero sabía (se lo habían dicho muchas veces) que el trabajo era muy importante. Él se decía a si mismo: son cosas de mayores, porque ... ¿qué puede haber más importante que jugar a la pelota con tus amigos?
A las ocho oyó el despertador de su madre. Se acurrucó en la cama esperando que le viniera a llamar. Tenía un frío horrible. Su ventana cerraba mal y por las rendijas entraba aire gélido como cuchillos. Se percató de que el tiempo pasaba. De repente escuchó otra vez ruidos raros. Él sabía que mamá estaba triste porque papá trabajaba mucho; trabajaba tanto que cuando viajaba, siempre que le llamaba, incluso muy pronto o muy tarde, siempre estaba con su compañera Isabel. Algunas veces mamá decía que pasaba más tiempo con ella. Yo pensaba, qué tontería, es normal, ¿no? Si papá trabaja mucho, mejor que esté con ella, así le ayuda y llega antes a casa.
Entró en el dormitorio de Miguelito. Subió la persiana y le dijo, ¡buenos días cariño! ¿qué tal has dormido? Muy bien, contestó él. Se acercó a darle un beso y se percató de sus ojos rojos y rápidamente lo asoció con los ruidos raros. Le preguntó, ¿qué te pasa, mamá? ¿Estás enfadada porque papá trabaja mucho o porque ayer entré en casa con los zapatos llenos de barro? Te prometo que no me di cuenta. Ya sé lo que significa para ti. Ya sé que limpiar es un trabajo muy duro también. En el cole la "seño" dice que trabajar es muy duro, que no es como ir allí, que no hay recreo. ¿Es verdad que no hay recreo?
Patricia le contestó: hoy vamos a hacer algo mejor. Todo el día va a ser un recreo, ¿te apetece?
Diez minutos después consiguió sacar fuerzas y se levantó. Calculó mal al poner los pies y en vez de tocar las zapatillas, puso los pies en el suelo helado. Le subió un escalofrío por todo el cuerpo. Le había pasado muchas veces pero esta vez se le llenaron los ojos de lágrimas. Comenzó un sollozo incontrolable, y además le apetecía llorar, lamentarse de si misma, de su existencia y de no haberse dado cuenta de que Jacinto se la estaba pegando con otra. Su mundo no tenía sentido ya.
En la habitación de al lado estaba Miguelito. Un niño risueño y sonriente y con una vitalidad arrolladora. Dormía a pierna suelta pero esa noche se había despertado en varias ocasiones sobresaltado. No podía entender por qué su madre había hecho ruidos tan raros durante toda la noche. Entre sueños pensaba, claro, pobre mamá, es que papá viaja tanto. A él también le hubiera gustado que su padre estuviera más en casa, pero sabía (se lo habían dicho muchas veces) que el trabajo era muy importante. Él se decía a si mismo: son cosas de mayores, porque ... ¿qué puede haber más importante que jugar a la pelota con tus amigos?
A las ocho oyó el despertador de su madre. Se acurrucó en la cama esperando que le viniera a llamar. Tenía un frío horrible. Su ventana cerraba mal y por las rendijas entraba aire gélido como cuchillos. Se percató de que el tiempo pasaba. De repente escuchó otra vez ruidos raros. Él sabía que mamá estaba triste porque papá trabajaba mucho; trabajaba tanto que cuando viajaba, siempre que le llamaba, incluso muy pronto o muy tarde, siempre estaba con su compañera Isabel. Algunas veces mamá decía que pasaba más tiempo con ella. Yo pensaba, qué tontería, es normal, ¿no? Si papá trabaja mucho, mejor que esté con ella, así le ayuda y llega antes a casa.
Entró en el dormitorio de Miguelito. Subió la persiana y le dijo, ¡buenos días cariño! ¿qué tal has dormido? Muy bien, contestó él. Se acercó a darle un beso y se percató de sus ojos rojos y rápidamente lo asoció con los ruidos raros. Le preguntó, ¿qué te pasa, mamá? ¿Estás enfadada porque papá trabaja mucho o porque ayer entré en casa con los zapatos llenos de barro? Te prometo que no me di cuenta. Ya sé lo que significa para ti. Ya sé que limpiar es un trabajo muy duro también. En el cole la "seño" dice que trabajar es muy duro, que no es como ir allí, que no hay recreo. ¿Es verdad que no hay recreo?
Patricia le contestó: hoy vamos a hacer algo mejor. Todo el día va a ser un recreo, ¿te apetece?
domingo, 30 de septiembre de 2007
QUIEREN SER COMO THEO
Treinta y cuatro años. Acento de Plasencia. Futuro padre. Empresario con proyección infinita. Ingeniero de caminos. Trabajador. Tímido. Enigmático. Propietario de un millón de relojes. Dotado del sexto sentido para los negocios. Orgulloso de su nombre. Pegado a su blackberry.
Aunque a primera vista en la descripción no todo puede resultar interesante, como tener acento de Plasencia, va en el pack. Sería un mal menor inapreciable, una gota en el océano. Una gota más gorda sería su nombre completo, que no voy a reproducir aquí porque si lo pusiera y lo buscara alguien en el google, saldría mi blog en primera página.
Es una descripción a grandes pinceladas del administrador único de la empresa en la que trabajo. Quizá podría poner más, pero para mí, es lo más llamativo y lo que he podido apreciar en tres meses que llevo trabajando.
Aparentemente no es más que un empresario brillante, o mejor dicho, muy brillante, que hace cuatro años estaba constituyendo la sociedad matriz, y hoy por hoy, además de tener otras, tiene a más de doscientos trabajadores en nómina.
Hasta ahora podía ser normal dentro de lo extraordinario. Lo que se escapa a mi raciocinio o no soy capaz de ver con el tiempo que llevo, es el efecto que produce en sus empleados, su relación con ellos, conmigo. Todo el mundo quiere ser "su Bubba", todos quieren ser su "muy mejor amigo", pero él mantiene las distancias.
Como llevo poco tiempo, hay personas que me cuentan cosas de él, pero no de si ha comido fuera el fin de semana, o si ayer estuvo cenando con sus suegros. Seguramente no lo saben, y quien lo sabe, por supuesto que no lo comenta. Si consigues ser digno de su confianza es porque eres una tumba, eres la discreción personificada, puede confiar en ti; y por ahora, públicamente, sólo se conoce a una persona digna de tal situación, con límites, supongo. Entonces, lo que te pueden contar de él es la relación laboral que tienen. Es increíble pero a muchos de ellos se les ilumina la cara cuando hablan de él, de verdad, que es algo asombroso. Es una admiración absoluta hacia él y tienen como objetivo hacer su trabajo muy bien para obtener su beneplácito, su palmadita en la espalda, su "perfecto", ser poseedores de algo que parece tan complicado como tener su confianza.
Su despacho está al lado del mío y a diario se suceden colas en las que la gente pide la vez. Sí, sí, surrealista, pero es que si se van, seguramente alguien entre antes o si ha terminado, él se vaya y ya no le puedas localizar hasta el día siguiente. Él está poco en la oficina, por lo que cuando está se le acumula el trabajo de papeleo. Todos le consultan, muchos se ponen absurdas medallas. Salen de allí hinchados como pavos o pequeñitos como si un jíbaro les hubiera maldecido. Y esas conversaciones privadas tienen su repercusión; a raíz de ahí, se cambian o se fortalecen directrices, y se pasa a la fase B: "Theo me ha dicho". Con ese inicio de frase todo se pone en marcha a velocidad de vértigo.
Poco a poco voy teniendo mi propio punto de vista, voy embebiéndome del espíritu de la empresa. Me dejan de llamar la atención hechos tan chocantes como que se le mande mensajes al móvil y que él conteste a esos mensajes, incluso que pida algo por mensaje. Y no son hechos aislados, si no algo que es el pan nuestro de cada día.
¿Y qué es lo que le da ese magnetismo especial? No lo sé. Es obvio que el poder y la jerarquía están de su lado, pero la intuición me dice que no lo es todo. ¿Será su proyección infinita? ¿Su forma de hacer los negocios? ¿Que está todos los días en la obra? ¿Que su confianza no es fácil de conseguir?
Tengo que admitir que a mí también me ha hechizado.
Hasta ahora podía ser normal dentro de lo extraordinario. Lo que se escapa a mi raciocinio o no soy capaz de ver con el tiempo que llevo, es el efecto que produce en sus empleados, su relación con ellos, conmigo. Todo el mundo quiere ser "su Bubba", todos quieren ser su "muy mejor amigo", pero él mantiene las distancias.
Como llevo poco tiempo, hay personas que me cuentan cosas de él, pero no de si ha comido fuera el fin de semana, o si ayer estuvo cenando con sus suegros. Seguramente no lo saben, y quien lo sabe, por supuesto que no lo comenta. Si consigues ser digno de su confianza es porque eres una tumba, eres la discreción personificada, puede confiar en ti; y por ahora, públicamente, sólo se conoce a una persona digna de tal situación, con límites, supongo. Entonces, lo que te pueden contar de él es la relación laboral que tienen. Es increíble pero a muchos de ellos se les ilumina la cara cuando hablan de él, de verdad, que es algo asombroso. Es una admiración absoluta hacia él y tienen como objetivo hacer su trabajo muy bien para obtener su beneplácito, su palmadita en la espalda, su "perfecto", ser poseedores de algo que parece tan complicado como tener su confianza.
Su despacho está al lado del mío y a diario se suceden colas en las que la gente pide la vez. Sí, sí, surrealista, pero es que si se van, seguramente alguien entre antes o si ha terminado, él se vaya y ya no le puedas localizar hasta el día siguiente. Él está poco en la oficina, por lo que cuando está se le acumula el trabajo de papeleo. Todos le consultan, muchos se ponen absurdas medallas. Salen de allí hinchados como pavos o pequeñitos como si un jíbaro les hubiera maldecido. Y esas conversaciones privadas tienen su repercusión; a raíz de ahí, se cambian o se fortalecen directrices, y se pasa a la fase B: "Theo me ha dicho". Con ese inicio de frase todo se pone en marcha a velocidad de vértigo.
Poco a poco voy teniendo mi propio punto de vista, voy embebiéndome del espíritu de la empresa. Me dejan de llamar la atención hechos tan chocantes como que se le mande mensajes al móvil y que él conteste a esos mensajes, incluso que pida algo por mensaje. Y no son hechos aislados, si no algo que es el pan nuestro de cada día.
¿Y qué es lo que le da ese magnetismo especial? No lo sé. Es obvio que el poder y la jerarquía están de su lado, pero la intuición me dice que no lo es todo. ¿Será su proyección infinita? ¿Su forma de hacer los negocios? ¿Que está todos los días en la obra? ¿Que su confianza no es fácil de conseguir?
Tengo que admitir que a mí también me ha hechizado.
domingo, 23 de septiembre de 2007
FOCALICEMOS
Los domingos suelen ser días perros... Pocas cosas consiguen despegarte del sofá, de la tele, del ordenador... Ahora, en esta vida laboral que me absorbe, estos pequeños momentos son los que le puedo dedicar a mi blog.
Esta mañana he leído una revista de estas que se compra mi madre que yo jamás compraría, pero que al tenerlas a mano, acabo echándolas una ojeada. Son revistas de recetas de cocina, de trucos de belleza, de moda casposa y un etcétera que no soy capaz de rellenar.
La historia es que si buscas, siempre puedes encontrar algo interesante. Mi descubrimiento de hoy va de porcentajes. Un artículo de esta revista hablaba sobre las cosas que nos preocupan. Resulta que un 87% de estas cosillas que nos angustian nunca llegarán a ocurrir. El 6% no depende de nosotros, y el resto, un insignificante 7% es con lo que podremos batallar y ganar la partida.
Es obvio que demuestra la cantidad de tiempo, esfuerzo y energía que desaprovechamos. ¿No será más fácil centrarse en lo que está en nuestra mano? ¿Lo intentamos?
Esta mañana he leído una revista de estas que se compra mi madre que yo jamás compraría, pero que al tenerlas a mano, acabo echándolas una ojeada. Son revistas de recetas de cocina, de trucos de belleza, de moda casposa y un etcétera que no soy capaz de rellenar.
La historia es que si buscas, siempre puedes encontrar algo interesante. Mi descubrimiento de hoy va de porcentajes. Un artículo de esta revista hablaba sobre las cosas que nos preocupan. Resulta que un 87% de estas cosillas que nos angustian nunca llegarán a ocurrir. El 6% no depende de nosotros, y el resto, un insignificante 7% es con lo que podremos batallar y ganar la partida.
Es obvio que demuestra la cantidad de tiempo, esfuerzo y energía que desaprovechamos. ¿No será más fácil centrarse en lo que está en nuestra mano? ¿Lo intentamos?
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